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Terra
La Coctelera

Sigo de luto...

Llevo tanto tiempo guardando luto que me parece de risa que vengas ahora con afanes absurdos de pintar de colores mi corazón que a fuerza de golpes se ha vuelto gris eterno.
Llegas con sonrisas y temas triviales como queriendo dejar entrever que ya todo está superado para ti... ¿cuánto hace de tus llantos de niño sobre mi pecho? Yo no puedo olvidar...
Amistad, dices... me esforcé en ser tu compañera de risas, tu amiga, tu confidente de tardes de café interminables, tu hembra y tu puta. Inventé por ti los más dulces besos, las más tiernas caricias y las más voraces entregas en los sitios más insospechados.
Ni la reina del Nilo tuvo tan consentido a su desolado Marco Antonio como yo a ti, cuando regresaba de alguna derrota. No intentes venderme arco iris ahora, después de teñir de desilusión todo mi cielo.
Ya es demasiado tarde, pero aún es pronto... siempre he dicho cosas incoherentes. Me siento muy mal por sentir lo que digo, pero que te perdone Dios porque yo no estoy dispuesta a hacerlo.

Vivir así...

Es mejor no vivir de caricias fingidas.
No soñar con tu cuerpo.
No querer hechizarte.
Ver pasar la vida,
lenta y sigilosa,
como echándose a un lado
para cederle el paso
a los que se verdad saben vivir.
Disfrutar, simplemente,
de los escasos momentos agradables
que nos ofrece el tenernos.
Es mejor no querer.
No sentir ni miedo, ni rabia, ni necesidad.
Sonreír aunque no estemos cerca.
Fingir que no amamos.
Girar con disimulo la cabeza
y dejar de mirar hacia el frente.
No planear el mañana.
Es mejor no hacerse el valiente.
Abandonarlo todo.
Mentir y negar lo que se siente.
Hundirse cuando sólo lo vea la almohada.

Ojalá me convenciese de esto.
No tenerte clavado en mi alma.
No plantearme qué será de ti
en el futuro, dentro de un mes, un año...

Es mejor no dejar entrever la agonía.
No creerse un esclavo,
anclado a una piel o unos labios.
No aferrarse al timón, como un náufrago,
y morir atrapado.
Es mejor no decir te quiero,
te necesito, te he echado de menos.
Es mejor cumplir lo pactado
y reír las bobadas del otro.
Es mejor ir sin prisa,
sin temor ninguno.
Llenitos los ojos de todo lo que vemos
y el corazón vacío, entumecido,
invariable ante todo,
mudo...consternado.

Una vez más hago memoria de frases que escribí en el pasado. Ahora no lo siento como entonces, no me identifico con cada palabra, pero aún así me gusta recordar lo que viví hace ahora más de un año. Hoy alguien me dijo algo similar a esto que yo escribí, alguien que ha perdido las ganas de vivir, que ya no sonríe... Esa persona me enseñó a amar la lectura, de hecho me enseñó a leer y a escribir, me animó cuando yo daba la inspiración por perdida. Sólo espero poder hacer algo por ella, poder infundirle a base de palabras lo bello que es seguir luchando hasta salir a flote y respirar profundo. Ha hecho tanto por mí que me siento en deuda y si no lo consigo voy a vivir mi primer y verdadero fracaso. Yo la cargaré sobre mis hombros, llevaré todo el peso si es necesario, remaré yo sola hasta que juntas divisemos tierra. Sólo le pido que no se rinda, que no deje de respirar en mi nuca mientras yo la transporto en mi espalda.
Ahora mismo vienen dos frases a mi cabeza...la primera de un poema anónimo que leí hace mucho: "Es mejor no tener esperanza, para que nada importe, para que nada duela", y otra, con la que me quedaría en este momento y le pido que tome como verdad categórica y absoluta; es de una película argentina de hace unos años y siempre que me siento mal me la repito una y mil veces: "¡Carajo, que vale la pena estar vivo!".

Los niños...

Hoy he descubierto con muchísima alegría que los niños, como las mascotas(que nadie lo malinterprete, por favor), huelen el miedo, la tristeza y todo lo que nos pasa.
A eso de las cinco he llegado a la casa de los niños que cuido. Son muy pequeños, tanto que cualquiera diría que no se enteran de nada de lo que sucede a su alrededor. Sin embargo, yo iba muy triste, totalmente sumida en mis pensamientos y en mi dolor, y al entrar por la puerta, Natalia, que tiene apenas un añito y casi no se sostiene en pie, ha salido corriendo hacia mí con una enorme sonrisa y ha estirado los brazos para que la alzara. Se ha agarrado fuerte a mí y ha apoyado su cabecita en mi hombro, sin dejar de sonreír. Cuando la he bajado al suelo, ha empezado a corretear por toda la casa como invitándome a jugar con ella. Me he divertido muchísimo...
Al ratito se despertó Carlos, el niño, que tiene dos años y medio. Y en cuanto me vio se tiró a mis brazos gritando "Sheleee". Y cuando estaba en mis brazos, le dije: "Te quiero mucho, canijo", a lo que me contestó (dejándome muy sorprendida): "A quele musho nene", que traducido a nuestro idioma sería algo así como "Yo también te quiero".
Y no pude por menos que sonreir. Me llenaron de ternura. Son tan dulces, tan transparentes. Han hecho que este día sea especial con un simple gesto y eso se agradece en el alma.

Cargar conmigo...

Sigo respirando porque no hay otra salida, porque no tiene remedio. Estoy viva...pero como decía la canción que ahora escucho "vivo por inercia absurda". Me siento ajena a todo lo que me ocurre, es como si fuera un escenario en el que bailan miles de títeres siniestros disfrazados de mis peores pesadillas. Yo...yo...siempre yo. A veces me detesto. Se me hace insoportable cargar conmigo cada día. Escucharme me tortura...me cansa.
Y la soledad...ella nunca me abandona. Tengo "conocidos", gente con la que mantego una relación vana, con la que hablo de temas triviales y no saben nada de lo que siento. Y aquél que sabe todo, el que siente cada cosa que siento y atiende a mis súplicas de compañía sin más preguntas...esta demasiado lejos. Otra gran asesina: "la distancia".
Siento que todo lo que he hecho en mi vida no ha servido de nada. Siempre es lo mismo. Todo cíclico y a la vez que con un pie avanzo unos centímetros, con el otro retrocedo veinte pasos. Así voy descuidando mcuhas cosas por preocuparme de otras más importantes, o menos, no lo sé.
Cuando me acuesto en la cama por la noche y empiezo a pensar en lo que soy, en lo que hago(sobretodo en lo que no hago) me siento abandonada. Abandonada por mí misma a la suerte de mi pobre corazón hecho pedazos y mi mente insulsa que me pide la rendición a gritos. Hay una parte de mí que no quiere caer, que se niega a aceptar esta huída que el resto de lo que soy propone como única salida.
Me abrazo fuerte a las sábanas y me digo en voz baja: "Tú puedes...lucha...vale la pena...puedes hacer que todo cambie...no te rindas" y hay un momento en el que llego a pensarlo...pero cuando abro los ojos por la mañana, no me lo creo. Y necesito fuerzas, valor para no dejar de lado lo que me importa y tirar por la borda lo que siempre he valorado como fundamental.
No puedo dejar de poner una oración preciosa que mi madre me enseñó cuando yo era pequeña. Aunque mi religiosidad haya cambiado con el tiempo y hoy no sea algo que tenga claro, me sigue ayudando:
"Padre, dame VALOR para cambiar las cosas que puedo.
PACIENCIA para aceptar aquéllas que no puedo cambiar. Y SABIDURÍA para reconocer la diferencia."
STA. TERESA DE JESÚS.

El escudo...

¿Quién me va a prestar un escudo para proteger mi alma cuando ya todo el sentimiento se ha caído de la cama? Debo confesarlo...yo,la invencible, ahora siento miedo... Ya nada es como antes, todo ha mutado en un caos infernal y las horas a veces se hacen eternas y a veces pasan tan deprisa que ni siquiera me doy cuenta cuando pierdo los minutos. Demasiado perder en este último tiempo...¿Cuándo va a empezar el momento de ganar?
Tengo una protección, un escudo, pero no me guarda del sufrimiento sino de exteriorizar todo lo que me pasa... siempre callo cuando no debo y hablo más de la cuenta de cosas sin sentido que no aportan más que toneladas de basura sobre este corazón ya embarrado por el daño.
Es divertido quedar como la mala, siempre y cuando no se acepten las críticas. Ahora no sé bien si he salido victoriosa o me han dejado de lado por imposible. No puedo cambiar, no quiero hacerlo. No hay nada contra mí y sin embargo creo que el mundo me da la espalda y susurra mi nombre en rincones oscuros para maldecirme...deseando que desaparezca. (Será afán de protagonismo...)
Quiero salir de aquí, me estoy ahogando... me asfixio entre el dolor y la amargura. Todo lo que me rodea me da pánico y tengo la horrible sensación de estar atrapada en un juego perverso cuyo principal objetivo es verme caer ante cualquier obstáculo. Y ellos se ríen cada vez que tropiezo. Y yo pido perdón sonrrojada de vergüenza y ellos sueltan más carcajadas. Me ahogo...no me dejan respirar...me muero y la rendija por la que entra un poquito de luz es cada vez más pequeña y se aleja constantemente. Aire...Padre...aire. Algún día contaré la historia. Sé que ellos van a seguir riendo.
Lo único que me da esperanza, que afloja la cuerda que llevo al cuello y tira de mis manos para que salga de este hondo malestar, está demasiado lejos. Abrázame fuerte...había una canción preciosa..."Abrázame fuerte, Lady Laura...Y cuéntame un cuento...Y hazme dormir..." No soy más que una niña, pero nadie me viene a arropar por las noches. Nadie me canta nanas por las noches. No hay nadie que vele mi sueño y disfrute acariciando mi pelo mientras me ve dormir... Sólo quiero un beso. ¡Qué caros están últimamente! Ni pidiéndolos a gritos me los regalan...
Me asfixio. Quiero salir de aquí. Dame la mano. No me dejes sola. No...no te vayas. No puedo respirar. Me muero. Tengo miedo...

Morir como lo hacen los amantes de novela...

Acechados por mil ojos,
debatiéndose entre amar poco en vida
o en exceso, eternamente.
Corregidos por insensatos medianías
que no saben de pasión y compromiso.
Hartos de miel de labios,
de embriaguez de caricias,
de sudores de espanto,
al verse descubiertos
en las noches de huída.

Silenciosos trepadores
como yedras errantes.
Sangrantes corazones
cuya herida jamás cicatriza.
Ojos desorbitados
sin más objeto que mirar otra vida
u otra muerte acaso,
en la que reinen los finales bellos.

Archivando, uno a uno
y sin perder la cuenta,
los receurdos exactos
de los pocos segundos unidos.
Pidiendo morir.
Llorando de turbada dicha
al saberse liberados.
Siempre irónicos
a la hora de reconocer su pecado.

Se ríen del mundo
mientras éste les vuelve la espalda.
Erguidos e inmóviles,
orgullosos de ser castigados
por una fechoría tan bien justificada.
Comiéndose a besos sólo con las pupilas.
Saborean el último rayo de sol.
Lista ya la horca,
quizá la katana,
el veneno mortal
o las armas de fuego.

Se entregarán sin reparos
allí donde las nubes todo lo disimulan
y no hay nadie que dicte sentencia al amor.
Allí donde el aire aún es respirable.
Donde el sentimiento se hace piel
y todo lo etéreo se vuelve corpóreo.

(No sé por qué pero hoy me dio por escribir este "poema", si se puede llamar así, que plasmé sobre una de las hojas de mi cuaderno gris hace poco más de un año... me trae buenos recuerdos... eran momentos de inspiración sin límites... volverán???)

Hurgando en los recuerdos...

Cuando Ella me decía "te amo" yo no escuchaba a mi corazón, sino que me parecía estar sintiendo el suyo latiendo cada vez más deprisa e intuía sus brazos pidiendo a voces un abrazo y sus mejillas unas cuantas caricias.
Nunca dijo "ya no te quiero", y se lo agradezco profundamente, así no cabe este momento en mi memoria y me quedo sólo con los miles de besos que me dió sin que hiciera falta que yo los pidiera.
Hacía malabares para darme siempre lo que yo pedía, si de sentimientos hablamos, y yo por mi parte me entretenía en complacerla en todo lo que salía de su boca a modo de deseo, ya fuera sentimental o material. No soy de las personas que va dejando "cuentas pendientes". Todo se lo enregué sinceramente y por voluntad propia. Me hacía tan feliz cuando le brillaban los ojitos ante alguna sorpresa, o cuando sonreía tímidamente si le decía que le había comprado un regalito...
Fueron tiempos bellos los que viví a su lado, escondida en su regazo dejando que las horas pasaran mientras ella me acariciaba el cabello y me decía con voz queda "te amo, nana". Nunca llegué a comprender, y ahora menos después de todo lo sucedido, por qué me gustaba tanto verla sonreir... me llenaba de luz, de magia, era el elixir perfecto para todos mis males.
Ahora sólo es recuerdo. Me alegro de que sea un recuerdo grato. Era tan bella... había que rendirle tributo si regalaba un beso y pagarle con devoción si derrochaba una caricia. Ojalá siga desbancando al sol con su mirada y dejando boquiabiertos a los que encuentre a su paso, y consiga llenar con su cuerpo el vacío de alguna cama que sepa valorar la joya que posee.
Era capaz de fingir ser fuego sólo por condescender con la pasión del otro(u otra en este caso) y lo hacía tan bien que acababa por volverlo cierto. A mi nunca consiguió engañarme del todo, pero hacía malabares por no descubrirla y en cierto modo, le agradezco que me haya mentido para hacerme feliz...

No me mates aún...

Espera un poquito, sólo hasta que amanezca. ¿No ves que ya sale el sol por detrás de la colina y aún no he dejado de soñarte? Quizás si me levanto y te preparo el desayuno, me pongo tu camisa y te beso para darte los buenos días, se te pasen las ganas de acabar con mi vida.
Ya lo sé... es tarde, ya he empezado a amarte y así he conseguido que me mates antes de tiempo. Me quedaré con el hermoso recuerdo de esta noche y haré de mi tumba un rincón silencioso en el que hacer de esta fantasía un sueño eterno.